Pessoa: Poeta de la dispersión

pessoa2

“Pessoa, al escribir, no aspiró a la unidad sino a la multiplicidad expresiva. No quiso que se lo reconociera como uno, sino como muchos. Descreía del yo como portador de una identidad unívoca e inequívoca. Creyó en la sinceridad de la simulación estética, no en la franqueza de quien así mismo se designa autor. Prefirió ver siempre  a ese yo como un semblante impostado antes que como rostro veraz, como una síntesis vertebrada por los poderes y argucias de la racionalización, antes que por la real y complejísima trama de la subjetividad. Y contra esa síntesis encubridora envistió. Construyó un mito, el de la heteronomía (personajes con obras literarias propias y bien diferenciadas de las que firma Fernando Pessoa), para denunciar las miserias de otros mitos: el de una lógica totalizadora o autosuficiente y el de la identidad concebida como un repertorio de contenidos complementarios y siempre discernibles.  De modo, que como digo, la dispersión no fue un hecho circunstancial en Pessoa. Fue una meta, un propósito y la materia de una labor minuciosa e incansable.”

Santiago Kovadloff en el “Poeta de la dispersión”

Anuncios

mi manchi

Extrañarte es un deseo presente lleno de ausencias. Un recuerdo que no vuelve en lo inmediato, que no se satisface. Un ya, un ahora, que no llegan. Una sensación vital inmóvil. Extrañarte es el equilibrio perfecto entre el pasado y el futuro. Un punto alto que no se toca, que no se alcanza, pero que sin embargo se vive, se siente, como si estuvieras aquí escribiendo conmigo.

Tributo al controversial Jorge Luis Borges

JLB

Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta
ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso
y tácito de niña,
ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios
serán favor tan misterioso
como mirar tu sueño implicado
en la vigilia de mis brazos.
Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria
del sueño,
quieta y resplandeciente como una dicha que
la memoria elige,
me darás esa orilla de tu vida que tu misma no tienes.
Arrojado a quietud,
divisaré esa playa última de tu ser
y te veré, por vez primera, quizá,
como Dios ha de verte,
desbaratada la ficción del Tiempo,
sin el amor, sin mí.