Engels, Engels, Engels…

Es un impecable trabajo, donde Engels, bastantes años después del Prólogo de Marx a la “Contribución a la crítica de la Economía política”, aprovecha a ajustar cuentas con el idealismo alemán de Hegel (su “punto de partida”), con Feuerbach (el “eslabón intermedio”) y como dice en el prefacio: con la “crítica roedora de los ratones”. Una síntesis “perfecta” discutiendo a dos bandas contra los “deterministas” y contra los “idealistas”, rompiendo, como él mismo dice, con su “conciencia filosófica anterior”, el idealismo alemán, para dar lugar al desarrollo del “germen genial de la nueva concepción del mundo”. Bienvenidos.

Karl Marx;Friedrich Engels

“(…) no se puede en modo alguno evitar que todo cuanto mueve al hombre tenga que pasar necesariamente por su cabeza: hasta el comer y el beber, procesos que comienzan con la sensación de hambre y sed, sentida por la cabeza, y terminan con la sensación de satisfacción, sentida también con la cabeza. Las impresiones que el mundo exterior produce sobre el hombre se expresan en su cabeza, se reflejan en ella bajo la forma de sentimientos, de pensamientos, de impulsos, de actos de voluntad; en una palabra, de «corrientes ideales», convirtiéndose en «factores ideales» bajo esta forma. Y si el hecho de que un hombre se deje llevar por estas «corrientes ideales» y permita que los «factores ideales» influyan en él, si este hecho le convierte en idealista, todo hombre de desarrollo relativamente normal será un idealista innato y ¿de dónde van a salir, entonces, los materialistas?  Sigue leyendo

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Tesis XII, Walter Benjamin

El sujeto del conocimiento histórico es la clase oprimida misma, cuando combate. En Marx aparece como la última clase esclavizada, como el vengador que completa la tarea de liberación en nombre de todas las generaciones de vencidos. Esta conciencia, que tuvo un breve resurgir en el grupo de los Spartaquistas, ha resultado desagradable siempre a los socialdemócratas. En tres décadas, ellos lograron borrar el nombre de Blanqui casi totalmente, aunque fuera la voz que habría que haber rescatado y cuyo sonido hizo temblar el siglo pasado. La socialdemocracia se las arregló para adjudicar a la clase obrera el papel redentor de las futuras generaciones, cortando así el nervio de su mejor fuerza. En esta escuela, la clase obrera tendió a olvidar su odio y su espíritu de sacrificio: ambos se nutren de la imagen de antepasados esclavizados y no del ideal de los descendientes liberados. Si hay una generación que debe saberlo, esa es la nuestra: lo que podemos esperar de los que vendrán no es que nos agradezcan de nuestras grandes acciones sino que se acuerden de nosotros, que fuimos abatidos. La revolución rusa sabía de esto. La consigna “¡Ninguna gloria para el vencedor, ninguna compasión para el vencido!” es radical porque expresa una solidaridad que es mayor con los hermanos muertos que con los herederos.

Tesis sobre el concepto de Historia