Una mujer contra la corriente

Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg

“En este fin de un siglo que fue el de los “extremos” (Eric Hobsbawm), pero también el de las manifestaciones más brutales de la barbarie en la historia de la humanidad, no se puede más que admirar un pensamiento revolucionario como el de Rosa Luxemburgo, que sabe rechazar la ideología cómoda y conformista del progreso lineal, el fatalismo optimista y el evolucionismo pasivo de la socialdemocracia, la ilusión peligrosa de la que habla Walter Benjarnin en sus “Tesis de 1940”: que bastaba “nadar con la corriente”, dejar actuar a las “condiciones objetivas”. Enunciando, en su folleto de 1915 (firmado Junius) “La crisis de la socialdemocracia”, la consigna de “Socialismo o barbarie”, Rosa rompe con la concepción -de origen burgués, pero adoptada por la II Internacional- de la historia como progreso irresistible, inevitable, “garantizado” por las leyes “objetivas” del desarrollo económico o de la evolución social. Una concepción tan bien resumida por Plejanov (“La victoria de nuestro programa es tan inevitable como el nacimiento del sol mañana”), que conduce a la pasividad: ¡nadie tendría la brillante idea de luchar, arriesgar su vida, combatir, para asegurar la aparición matinal del sol! Volvamos unos instantes sobre el alcance político y “filosófico” de la consigna “socialismo o barbarie”. Estaba sugerida en algunos textos de Marx o de Engels, pero fue Rosa Luxemburgo quien hizo de ella una formulación explícita, definida. La historia es percibida como un proceso abierto, una serie de “bifurcaciones” en las que el “factor subjetivo” -conciencia, organización, iniciativa- de los oprimidos es decisivo. No se trata ya de esperar a que el fruto “madure”, según las “leyes naturales” de la economía o de la historia, sino de actuar antes de que sea demasiado tarde. Porque la otra cara de la alternativa es un siniestro peligro: la barbarie. Mediante este término, Rosa no designa una imposible “regresión” a un pasado tribal, primitivo o “salvaje”, sino una barbarie eminentemente moderna de la que la Primera Guerra Mundial ofrece un ejemplo impresionante, bastante peor en su inhumanidad que las prácticas guerreras de los conquistadores “bárbaros” del final del Imperio Romano. La consigna de Rosa Luxemburgo se reveló profética.”

Michael Löwy en Rosa Luxemburgo: un comunismo para el siglo XXI

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