Oriflama, Eugene Ionesco

“Antaño cada aurora era una victoria. Estábamos plantados ante las puertas del mundo. Di, ¿te acuerdas? El universo era y ya no era, o no era sino un velo transparente y una luz brillaba a su través, una luz gloriosa y deslumbrante que nos llegaba desde todos lados, como proyectada por cien soles. La luz nos penetraba como un calor muy dulce, y nosotros nos sentíamos ligeros, en un mundo ya sin gravedad, felices de existir, y al tiempo asombrados. Eso era el amor.”

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