La Orquesta Roja de Gilles Perrault‏

“No se trata de que el autor sienta una devoción particular por las redes del espionaje soviético, pero ha adquirido al menos respeto por el enorme coraje de los hombres y de las mujeres de la Orquesta Roja, y simpatía por el cruel destino que fue el patrimonio de la mayor parte de ellos. Cuando la agente Käthe Voelkner escuchó al tribunal militar alemán que la condenaba a ser decapitada, saludo con el puño cerrado y dijo sonriendo: ¨Soy feliz por haber podido hacer algunas pequeñas cosas por el comunismo.¨ Al autor le molestaría envolver esta frase auténtica, bella y dura como el diamante, en una pacotilla de bazar. Estas palabras son las únicas de las cuales tiene la certeza que fueron pronunciadas por Käthe Voelkner. Por lo tanto no pondrá otras en sus labios.”

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