Anna Ajmátova

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Mitad puta que arde de pasión, mitad monja que implora el perdón de Dios“. Aunque nos pueda parecer increíble, esta frase de Borís Eijenbaum, crítico literario de la época, dicha en medio de un discurso elogioso, dio forma al argumento que había de llevar a Anna Ajmátova hasta el fondo del gulag soviético. Porque si bien Trotski había ironizado sobre la “comodidad” de tener un Dios que se ocupe de todo, y esa señora inteligente y valerosa que fue Alejandra Kollontai había intuido en sus poemas las contradicciones de una época “marcada por una brecha en la psicología humana, el combate a muerte entre dos culturas”, y hasta ahí se trataba meramente de crítica literaria, pocos años después los comisarios políticos del régimen de Stalin se harían con la frasecita que, en boca de Zhdánov, se convertiría de juicio poético en juicio moral y político. Seguir leyendo…

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