A mis compañeros. Aunque nos hayamos equivocado.

Dedicatoria del autor al libro Las viudas rojas

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Por quién doblan las campanas

“Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra.; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quien doblan las campanas: doblan por ti.”

John Donne en Por quién doblan las campanas de Ernest Hemingway 

Nuestra juventud no muere, Miguel Hernández

2001b

Caídos sí, no muertos, ya postrados titanes,
están los hombres de resuelto pecho
sobre las más gloriosas sepulturas:
las eras de las hierbas y los panes,
el frondoso barbecho,
las trincheras oscuras.
Siempre serán famosas
estas sangres cubiertas de abriles y de mayos,
que hacen vibrar las dilatadas fosas
con su vigor que se decide en rayos.
Han muerto como mueren los leones:
peleando y rugiendo,
espumosa la boca de canciones,
de ímpetu las cabezas y las venas de estruendo.
Héroes a borbotones,
no han conocido el rostro a la derrota,
y victoriosamente sonriendo
se han desplomado en la besana umbría,
sobre el cimiento errante de la bota
y el firmamento de la gallardía.
Una gota de pura valentía
vale más que un océano cobarde.
Bajo el gran resplandor de un mediodía
sin mañana y sin tarde,
unos caballos que parecen claros,
aunque son tenebrosos y funestos,
se llevan a estos hombres vestidos de disparos
a sus inacabables y entretejidos puestos.
No hay nada negro en estas muertes claras.
Pasiones y tambores detengan los sollozos.
Mirad, madres y novias, sus transparentes caras:
la juventud verdea para siempre en sus bozos.

La condesa roja

00

“El nacionalismo por sí mismo no es la respuesta (como vía de solución a los problemas de la clase obrera irlandesa), pues las mismas condiciones existen en Inglaterra, aunque mucho menos extendidas. El socialismo, en cambio, al promover la igualdad absoluta va de la mano tanto con las exigencias del movimiento obrero como con las cuestiones de la liberación femenina.”

Constance Markievicz

Anna Ajmátova

018

Mitad puta que arde de pasión, mitad monja que implora el perdón de Dios“. Aunque nos pueda parecer increíble, esta frase de Borís Eijenbaum, crítico literario de la época, dicha en medio de un discurso elogioso, dio forma al argumento que había de llevar a Anna Ajmátova hasta el fondo del gulag soviético. Porque si bien Trotski había ironizado sobre la “comodidad” de tener un Dios que se ocupe de todo, y esa señora inteligente y valerosa que fue Alejandra Kollontai había intuido en sus poemas las contradicciones de una época “marcada por una brecha en la psicología humana, el combate a muerte entre dos culturas”, y hasta ahí se trataba meramente de crítica literaria, pocos años después los comisarios políticos del régimen de Stalin se harían con la frasecita que, en boca de Zhdánov, se convertiría de juicio poético en juicio moral y político. Seguir leyendo…