Mika Feldman sobre la muerte de su compañero Hipólito Etchebéhère en la revolución española

Las primeras luces del día nos trajeron hasta los ojos el peñón bravío de ese castillo de Atienza que había que tomar a toda costa, a golpes de granadas que habrían de lanzar los guerrilleros del POUM, cuidadosamente adiestrados por Hipólito Etchebéhère. Él los guiaba entre las ráfagas de ametralladora que volaban de las torres. Una bala lo quebró como se quiebra un árbol herido por el rayo.

 —Sabes, me dijo nuestra bella Abisinia tendiéndome un pañuelo tinto en su sangre, sonreía, no parecía muerto. Guarda este pañuelo como una reliquia de santo: es su sangre, yo le limpié los labios. La bala le partió el corazón, te digo que no sufrió. “Tenía al fin el corazón en paz, callado para siempre”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s