Mujeres revolucionarias

“Larisa Reissner, la que llamó a Iván Nikititch ‘la conciencia de Sviask’, ocupa también un puesto importante en el quinto ejército como en la revolución en general. Esta maravillosa mujer, que fue el encanto de tantos, cruzó por el cielo de la revolución, en plena juventud, como un meteoro de fuego. A su figura de diosa olímpica unía una fina inteligencia aguzada de ironía y la bravura de un guerrero. Después de la toma de Kazán por las tropas blancas se dirigió, vestida de aldeana, a espiar en las filas enemigas. Pero es su aspecto había algo de extraordinario que la delató. Un oficial japonés de espionaje le tomó declaración. Aprovechándose de un descuido se lanzó a la puerta; que estaba mal guardada, y desapareció. Desde entonces trabajaba en la sección de espionaje. Más tarde se embarcó en la flotilla del Volga y tomó parte en los combates. Dedicó a la Guerra Civil páginas admirables, que pasarán a la literatura con valor de eternidad. Supo pintar con la misma plasticidad la industria de los Urales que el levantamiento de los obreros de la cuenca del Ruhr. Todo lo quería saber y conocer, en todo quería intervenir. En pocos años se convirtió en una escritora de primer orden. Y esta Palas Atenea de la revolución, que había pasado indemne por el fuego y por el agua, fue a morir, de pronto, presa de tifus, en los tranquilos alrededores de Moscú, cuando aún no había cumplido los treinta años.”

León Trotsky, del capítulo Un mes en Sviask del libro Mi Vida

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