Sviask, por Larissa Reissner

Extracto de Larissa Reissner sobre la defensa de Sviask por parte del Ejército Rojo del cual formaba parte. Una descripción sobre la fraternalidad en el medio de una guerra en defensa de la Revolución.

“¡Fraternidad! ¡Pocas palabras de las cuales se había abusado tanto y que se había vuelto tan despreciable! Pero la fraternidad, en el momento de penuria extrema y de peligro, está allí, olvidada de sí misma, sagrada, inmensa y única. ¡Y nadie jamás vivió ni conoció nada de la vida si jamás pasó la noche en la tierra con ropas gastadas y destrozadas pensando todo el tiempo cuán maravilloso es el mundo, infinitamente maravilloso! Que aquí lo viejo fue destruido, que la vida se bate las manos desnudas por su verdad irrefutable, por los cisnes blancos de su resurrección, por cualquier cosa infinitamente más grande e infinitamente mejor que este pedazo de cielo estrellado que aparece, en la ventana oscura del pavimento quebrado, para el futuro de toda la humanidad.

Una vez por siglo, se entra en comunión y una sangre nueva es transfundida. Estas palabras espléndidas, estas palabras casi inhumanas en su belleza, y el olor del sudor viviente, el viviente sudor de los otros que duermen con ustedes sobre el piso. Basta de pesadillas, basta de sentimentalismos. Mañana el alba se elevará y el camarada G., un bolchevique checo, preparará una omelet para toda la “banda” y el jefe de estado mayor se pondrá una camisa tiesa por la helada, lavada durante la noche. Un día comienza, durante el cual alguien va a morir pensando en su último segundo que la muerte es una cosa como otras y para nada la principal, que una vez más Sviask no cayó y que sobre el muro polvoriento aún está escrito: “¡Proletarios de todos los países, uníos!””

Texto Completo…

Anuncios

Mujeres revolucionarias

“Larisa Reissner, la que llamó a Iván Nikititch ‘la conciencia de Sviask’, ocupa también un puesto importante en el quinto ejército como en la revolución en general. Esta maravillosa mujer, que fue el encanto de tantos, cruzó por el cielo de la revolución, en plena juventud, como un meteoro de fuego. A su figura de diosa olímpica unía una fina inteligencia aguzada de ironía y la bravura de un guerrero. Después de la toma de Kazán por las tropas blancas se dirigió, vestida de aldeana, a espiar en las filas enemigas. Pero es su aspecto había algo de extraordinario que la delató. Un oficial japonés de espionaje le tomó declaración. Aprovechándose de un descuido se lanzó a la puerta; que estaba mal guardada, y desapareció. Desde entonces trabajaba en la sección de espionaje. Más tarde se embarcó en la flotilla del Volga y tomó parte en los combates. Dedicó a la Guerra Civil páginas admirables, que pasarán a la literatura con valor de eternidad. Supo pintar con la misma plasticidad la industria de los Urales que el levantamiento de los obreros de la cuenca del Ruhr. Todo lo quería saber y conocer, en todo quería intervenir. En pocos años se convirtió en una escritora de primer orden. Y esta Palas Atenea de la revolución, que había pasado indemne por el fuego y por el agua, fue a morir, de pronto, presa de tifus, en los tranquilos alrededores de Moscú, cuando aún no había cumplido los treinta años.”

León Trotsky, del capítulo Un mes en Sviask del libro Mi Vida

Un poema

“Era una tarde de primavera y nos tumbamos –Nessa y yo— en el largo césped, detrás del Flower Walk. Había llevado conmigo The Goleen Treasury. Lo abrí y empecé a leer un poema. E instantáneamente y por primera vez lo comprendí (no recuerdo cuál era). Fue como si se hubiera transformado en totalmente comprensible. Tuve una sensación de transparencia en las palabras que se da cuando dejan de ser palabras y se intensifican de tal manera que parece que se viven; se prevén como si expresaran lo que ya se está sintiendo. Quedé tan pasmada que intenté explicar la sensación. “Se tiene la impresión de comprender lo que se quiere decir”, dije torpemente. Supongo que Nessa lo ha olvidado; nadie hubiera podido comprender por mis palabras, la extraña sensación que tuve, allí, en la cálida hierba, de que la poesía se convertía en verdad. Tampoco estas palabras expresan la sensación. Es igual a lo que siento, a veces, mientras escribo. La pluma sigue el rastro.”

Fragmento extractado del libro Momentos de vida de Virginia Woolf

Comparto de un Blog amigo un nuevo fragmento de la novela “Laguna”.

Artemuros

Seva llegó de París, y es la primera vez que recuerda haber abrazado a sus abuelos. Cuando le dice a Lev ‘monsieur abuelo’, a Natalya se le parte el corazón. Lo trajeron los Rosmer que son sus amigos más antiguos: Alfred, francés casi de caricatura con su cuello largo, bigote y boina; y Marguerite, que abraza a todos contra su pecho. Lev cuenta que él y Alfred pelearon juntos contra Stalin desde Prinkipo. Los Rosmer se quedarán algunos meses en México y han rentado una casa. Ahora Francia es insegura, por decir lo menos, y el niño requiere tiempo para adaptarse. Ha vivido con los Rosmer casi desde la muerte de Zenaida, cuando Marguerite lo encontró en un orfelinato religioso. Lev nunca habla de esto, Zenaida era la mayor y su historia se va conociendo poco a poco: tuberculosis, salida de la Unión Soviética con su bebé para un…

Ver la entrada original 187 palabras más