Trascender el tiempo

El tiempo allí tiene otra medida. En un sistema donde todo se regimenta, perderse, es una pequeña rebelión contra lo establecido. Por eso será que elijo ese tiempo.

Cuando no hay medida, cuando no se puede cuantificar la calidad de lo que se comparte, cuando la racionalidad se rompe, somos parte de una subversión contra el tiempo, contra esa medida reaccionaria sobre nuestras vidas.

El tiempo, a veces, es otro tiempo: la ruptura cotidiana con el orden. La minúscula partícula que nace de ese encuentro que rompe las líneas y las coordenadas. No hay husos horarios, ni agujas, ni tic tac, no hay equilibrio ni acordes que se suceden. Se rompe el color monocorde: se vive. Es entregarse a otro orden, donde ninguna ley rige.

Es la anarquía de nuestros deseos que irrumpen violentamente. Que trascienden el espacio. Donde no se reconoce dónde se encuentran los cuerpos, ni cuáles son los polos, ni cuál es la energía del ambiente. Es ocuparlo todo. Es estar en cada uno de los rincones, de las grietas y de los huecos. Elevarse por sobre esas leyes. Una insurrección que tiene a muchos más, que la propia soledad, de protagonistas.

No hay mejor espacio que el que no se mide. No hay mejor tiempo que el que no se cuantifica ni se percibe. Perderse para derrotar la Razón, y que prime la anarquía. Jugar en el cuarto desconociendo las formas, y dibujarnos en el aire.

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